lunes, 26 de noviembre de 2012

De vuelta a las trincheras

Tras unos meses de ausencia, en cuanto a la publicación de contenido se refiere, culturadeseu vuelve a escribirles. Y lo hacemos, o simplemente, lo hago, con un encuentro esperado, en una tarde inesperada, con Nandi Alonso.

La conocí en la Televisión de Galicia. Yo era un becario que deambulaba por la redacción con cintas sobre accidentes, ataques de jabalís, y tractores que provocaban disputas rocambolescas entre vecinos. Ella me dirigía a las cabinas de edición, siempre con una sonrisa por saludo.

No tardé en enterarme de que aquella mirada abstraída pero amable, era la mirada de una artista. Pasaron los meses, más de un año, y al fin, concertamos una entrevista. ¿Los motivos? Varios y el karma ha tenido mucho que ver. Pero la verdad es que la inminente exposición que realizará el 5 de diciembre en el Campus Stellae en Santiago, me brindó la excusa perfecta para poder hablar de y con ella; y de su obra, claro.

La cita
Así, llegó Nandi, a un encuentro concertado y esperado, al Hotel Moure de Compostela. Tarde, por mi culpa, pues una inesperada sesión de fotos con Onyvá Gastronomic, en una bañera grande que quería ser jacuzzi, retrasó la entrevista.

Licenciada en Historia del Arte, no ha dejado nunca de investigar y profundizar en su proceso de creación artística. Posa los lienzos en el suelo, y así los pinta al óleo. Dice que de este modo, con el óleo y en el suelo, puede conseguir matices que la pintura acrílica y la posición vertical del cuadro no aportan. Resulta curioso que, a pesar de realizar los cuadros de esta manera, consiga una gran profundidad, con diferentes planos superpuestos.

Cada centímetro de sus obras, al menos, aquellas pertenecientes a su última etapa —conceptual y abstracta— guardan una sensación, emoción y un momentum. "Nandi Alonso trabaja con sensaciones, no con realidades objetivas ni vista preseleccionadas", afirma en una crítica el profesor universitario David Chao. Con reminiscencias a Turner, la estampa japonesa y la fotografía, la pintura de Alonso es puramente intima y emocional. Por ello, en nuestra cita, afirmó que se sintió 'expuesta' en sus primeras exposiciones, dado que aquellos lienzos eran una ventana a su cabeza; a momentos y estados anímicos determinados. Ahora, después de más de una treintena de inauguraciones —desde Nueva York, Ginebra o Barcelona, a por supuesto Galicia— ya está curada de espanto.

"Al principio no quería vender los cuadros", me comentó mientras bebíamos unas cervezas cerca de la plaza de Cervantes (en un bar claro, no en la calle). El aprecio que les tenía era demasiado grande —al igual que su carga emocional—, como para permitir que un extraño se los llevase a su casa y los colgase en su pared. Eran como retazos de su vida, expresiones multi-significado que pasarían a decorar un lugar totalmente ajeno al útero que los gestó.


Todo artista ama u odia sus obras. Han de ser un mensaje codificado sobre su visión del mundo. El artista, para Alonso, ha de plasmar lo que siente, piensa o lo que la realidad le transmite. Si no, se convierte en un mero productor, un marchante de productos artísticos.

El miércoles 5 de Diciembre podréis y podré ver las obras de Nandi en directo en el Campus Stellae de Compostela bajo el nombre de EfíMeRo, con una parte de dibujo llamada cAliGrAFiA dE Lo EfíMeRo. Es mi primera vez pues por ahora sólo he podido apreciarlas por mediación electrónica. Así que hasta entonces me reservo una reflexión más profunda. Os dejo una muestra de su obra, que, extrañamente, y tras nuestra conversación, siento muy cercana.


Corolario
Se siente uno bien al volver a escribir después de tantos meses dedicado a otros menesteres. Se siente uno mal, no obstante, por que desde la última publicación de culturadeseu, el periodismo —como empresa, como trabajo— se ha visto profundamente dañado. Cada vez se hace más complicado poder vivir de esto. Afortunadamente el periodismo —como modo de entender la vida, como entidad metafísica— no deja de cambiar y transformarse.
Lo malo es que a veces los sueños crean monstruos. Pero para eso ya estamos yo, y tantos como yo, aquí, de vuelta a las trincheras.

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